A principios de año, el buque escuela Juan Sebastián de Elcano fue noticia a raíz del embarque en él de la princesa Leonor, que continúa así con su formación dentro de la Armada. Junto al resto de sus compañeros guardiamarinas, la hija de Felipe y Letizia puso rumbo a una travesía que la está llevando por ocho países de América, además de seis escalas en ciudades españolas. Todos ellos estarán expuestos, durante los próximos seis meses, a los peligros propios de una actividad como la suya, y por eso cuentan con un servicio de telemedicina a bordo que está en comunicación constante con el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.
Se trata de uno de los muchos nodos remotos de la red de telemedicina de las Fuerzas Armadas que se gestionan desde este servicio del hospital madrileño. El del Juan Sebastián de Elcano, explica en una entrevista concedida a ConSalud.es el comandante José García Córdoba, uno de sus responsables, es uno de los últimos modelos que existen actualmente en el mercado, cuyo objetivo es mejorar sus capacidades sanitarias y ofrecer atención inmediata en remoto. Además, gracias a su sistema de comunicación encriptado, el dispositivo fabricado por la empresa Comitas eHealth asegura la máxima ciberseguridad para la información sanitaria de la tripulación.
“Tiene una configuración similar a la de un maletín, que incluye una cámara más básica para hacer videoconferencia y otra de exploración general. También tiene un otoscopio, un dermatoscopio, un oftalmoscopio y un ecógrafo, pudiendo verse todos estos dispositivos en tiempo real desde aquí, desde el centro de referencia. Cada nodo está conectado con el Hospital Gómez Ulla vía satélite”, señala el comandante García Córdoba.
“Todos hemos salido de misiones o de maniobras de larga duración en algún momento, así que sabemos cuál es el contexto de trabajo"
Junto a él está el comandante enfermero José Ramón Rey Fedriani, también comandante y miembro del servicio, quien destaca que, aunque lógicamente las consultas dependen mucho del lugar en el que está ubicado el maletín -las Fuerzas Armadas tienen servicio de telemedicina repartidos por todo el mundo, desde el citado del buque Juan Sebastián de Elcano hasta misiones desplegadas en el Líbano-, las patologías más frecuentes suelen ser las traumatológicas, “por las actividades de sus componentes”. Junto a ella, también tienen un papel destacado especialidades como Cirugía General, Dermatología o Psiquiatría; y, algo menos frecuentes, Otorrinolaringología y Oftalmología.
A través del canal de telemedicina, el personal sanitario que está en cada una de estas unidades de las Fuerzas Armadas puede recibir valoraciones y asesoramiento por parte de los facultativos del Gómez Ulla. “Todos hemos salido de misiones o de maniobras de larga duración en algún momento, así que sabemos cuál es el contexto de trabajo y les podemos dar un soporte ajustado a lo que necesita cada situación”, subraya Ramón Rey.
Incluso los que no tienen servicio de telemedicina también reciben este apoyo por parte de Madrid, a través de oficiales de alerta como él mismo, que están las 24 horas del día, los 365 días al año, pendientes de llamadas telefónicas y de correos electrónicos con consultas: “Lo que hacemos es recibirlas, analizarlas y derivarlas al especialista correspondiente”. El Hospital Gómez Ulla, que también atiende a población civil, cuenta con 19 especialidades médicas presenciales y con profesionales de otras 14 que están alertados telefónicamente.
“Lo que hacemos es recibir las consultas, analizarlas y derivarlas al especialista correspondiente”
“Nosotros estamos en contacto con ambas partes. A los que están en las unidades desplegadas les preguntamos, además de la patología del paciente, otras consideraciones que debamos tener en cuenta: si tienen capacidad de obtener una prueba complementaria o no, tiempos de traslado a donde haya un TAC, aunque a menudo ya conocemos esa información… todo eso lo trasladamos al especialista, para que, en función de las consideraciones no solo puramente sanitarias, si no también logísticas, elabore un asesoramiento”, comenta el oficial de alerta.
A POR LOS RETOS DEL FUTURO
La telemedicina cada vez avanza más. Existe en los buques de la Armada desde los años treinta del siglo pasado, aunque el primer servicio del Hospital Gómez Ulla llegó en 1996. No obstante, matiza García Córdoba, fue a raíz de la pandemia cuando realmente se dio a conocer y se desarrolló “a todos los niveles”. Los equipos actuales, a pesar de su reducido tamaño, tienen incluso un monitor de constantes vitales, que permiten controlar al paciente desde cualquier parte del mundo y aportar distintos parámetros por telemetría. Y, aunque la mayoría de las veces las consultas son por patologías menores -“un ejemplo típico es la reducción de una luxación, que el traumatólogo controla a través de una videoconferencia”-, la telemedicina también ha ayudado a estabilizar situaciones más graves.
"Del total de llamadas que recibimos al año, un 30% proceden de la Armada, cuando hace no tanto eran un 20%”
El año pasado, recuerda el comandante, se encontraron ante el caso de una fractura compleja de una mano en un buque de la Armada en la Antártida, y, gracias al apoyo que recibió su equipo sanitario desde el Hospital Gómez Ulla, pudieron reducirla antes de trasladar al paciente a Chile. Otro ejemplo: hace apenas unos días, un enfermero hizo uso del ecógrafo para, guiado a distancia por un radiólogo del hospital, utilizar la sonda y el software y hacer una valoración abdominal. “Hemos notado un incremento del número de consultas en los últimos años gracias a todas estas facilidades. Del total de llamadas que recibimos al año, un 30% proceden de la Armada, cuando hace no tanto eran un 20%”, afirma Ramón Rey.
Aún así, los servicios de telemedicina están constantemente buscando y explorando nuevas posibilidades y mejoras. Ahora están intentando implementar las imágenes de rayos en los equipos, o nuevas capacidades como hacer cirugías a distancia mediante robots o aplicar la tecnología háptica (táctil), para que el médico que está en el centro de referencia pueda sentir lo mismo que si estuviese tocando al paciente. “Se están viendo las posibilidades”, apunta García Córdoba.