La estabilidad de los fenotipos inflamatorios en el asma disminuye con el tiempo

Los datos obtenidos en un estudio realizado por el IIS-FJD subrayan la importancia de realizar estudios continuos de fenotipos inflamatorios durante el seguimiento de los pacientes para mejorar su estabilidad clínica y adaptar los tratamientos

Dr. Joaquín Sastre, investigador del CIBER (Foto: Fundación Jiménez Díaz)
Dr. Joaquín Sastre, investigador del CIBER (Foto: Fundación Jiménez Díaz)
CS
16 enero 2025 | 11:05 h
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El equipo de investigación que participa en el Proyecto MEGA liderado por el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) analizó la estabilidad de los biomarcadores inflamatorios y fenotipos de asma en una cohorte de pacientes adultos durante dos años de seguimiento. Sus resultados confirman que los fenotipos muestran una mayor estabilidad durante el primer año, y su inestabilidad aumenta a partir de este periodo. 

Los datos obtenidos subrayan "la importancia de realizar estudios continuos de fenotipos inflamatorios durante el seguimiento de los pacientes para mejorar su estabilidad clínica y adaptar los tratamientos de forma más eficaz”, asegura el equipo de investigación coordinado por el Dr. Joaquín Sastre, investigador del CIBER de Enfermedades Respiratorias (CIBERES) en el Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz (IIS-FJD).

Esta enfermedad se considera un síndrome caracterizado por una variedad de endotipos y fenotipos inflamatorios que comparten síntomas comunes como sibilancias, dificultad para respirar, tos y opresión en el pecho, acompañados de una obstrucción variable del flujo aéreo. Siendo funtamental la identificación de estos endotipos inflamatorios para avanzar hacia una medicina de precisión, especialmente en el manejo del asma grave.

Actualmente, la estratificación basada en el endotipo inflamatorio -eosinofílico, neutrofílico, mixto o paucigranulocítico- se considera un componente esencial en la gestión de esta enfermedad. Sin embargo, estos endotipos pueden cambiar con el tiempo en un mismo paciente, y la evidencia sobre su estabilidad a largo plazo es limitada. Concretamente, la evidencia actual apunta a que estos cuatro fenotipos son relativamente estables durante un año y se diferencian por la gravedad clínica y la respuesta a la terapia prescrita. No obstante, solo algunos de estos fenotipos han demostrado ser igualmente estables durante 12 meses de seguimiento, y muchos factores posibles afectan la estabilidad del fenotipo.

A pesar de que el 88% de los pacientes presentó un fenotipo T2-alto inicialmente, este mostró una disminución de estabilidad, reduciéndose al 73,6% tras 12 meses y al 61,3% después de dos años

El estudio estudio incluyó a 211 pacientes, centrándose en biomarcadores como eosinofilia en sangre periférica (PBE), esputo inducido, fracción exhalada de óxido nítrico (FeNO) y función pulmonar. Estos pacientes fueron clasificados en fenotipos T2-alto o T2-bajo según sus niveles de PBE y FeNO. A pesar de que el 88% de los pacientes presentó un fenotipo T2-alto inicialmente, este mostró una disminución de estabilidad, reduciéndose al 73,6% tras 12 meses y al 61,3% después de dos años. De manera similar, aunque el 53,3% de los pacientes presentó esputo eosinofílico al inicio, solo el 37,5% mantuvo esta característica estable al cabo de 24 meses.

Además, las correlaciones observadas entre los fenotipos inflamatorios fueron moderadas durante el primer y segundo año del seguimiento, pero disminuyeron significativamente al tercer año, evidenciando la naturaleza cambiante del asma. La eosinofilia en sangre mostró estabilidad relativa durante el primer año, con cambios más significativos tras 24 meses. Sin embargo, otros biomarcadores como FeNO, IgE total y función pulmonar no presentaron alteraciones relevantes durante el periodo de estudio.

Unos hallazgos que destacan una necesidad de un seguimiento prolongado para identificar cambios en los fenotipos inflamatorios, lo cual es clave para diseñar estrategias terapéuticas más personalizadas. “Nuestro estudio proporciona evidencia esencial sobre la variabilidad de los fenotipos inflamatorios en el asma, abriendo nuevas oportunidades para mejorar el manejo clínico y avanzar hacia tratamientos más precisos”, concluye el Dr. Sastre. 

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