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Punto de inflexión

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24.04.2020 - 12:40

"Salus populi suprema lex est" (“la salvación del pueblo es la ley suprema”) es el primer principio del Derecho Público Romano.

Ya Aristóteles creía que el bien supremo del hombre era la felicidad. Pero para alcanzar la virtud hay que evitar las pasiones (el dolor, el temor, el placer) mediante el autodominio, la ataraxia (imperturbabilidad del ánimo) y la suspensión del juicio (epojé) ¡Calma, se acabó el minuto de filosofía!

Si algo ha dejado en evidencia esta crisis de la Covid-19 es la fragilidad y vulnerabilidad humanas. Hemos tenido avisos de globalidad e interdependencia, pero la memoria es débil. Recordad el agujero de ozono, la plastificación de los océanos, el calentamiento global, los efectos del volcán islandés Eyjafjallajökull (impronunciable por debajo del Mar del Norte), los últimos fuegos en Siberia, California, Australia, la actual sequía en Chile… Se han producido, aunque los ignoremos.

Los ciclos de producción, distribución, consumo y riqueza no son ajenos al reparto del riesgo. Un mundo global no debería ser un mercado global yal igual que los humanos, viajan sus miserias, las especies invasoras, el mejillón cebra, la avispa asesina o el mosquito tigre.

"Creo que es el momento de poner en perspectivalas debilidades, amenazas,fortalezas y oportunidades (DAFO) que se abren y que expertos muy avezados deberán evaluar"

Frente a ciertos gobiernos y poderes que se consideraban intocables, un simple virus, casi etéreo, ha tirado por tierramuros, fronteras, barreras idiomáticas o fluviales... todo. Nuestro sistema de valores, nuestras resistencias, se tambalean (salvo la del perenne Dúo Dinámico), demostrando nuestra palmaria debilidad contra un agente patógeno microscópico, pero con una carga infectante máxima.

Hasta ahora habíamos vivido la comodidad e indiferencia colectivas, parapetándonos en nuestro conocimiento científico, que nos confería cierto grado de seguridad. Ignorando, cuando no despreciando, ciertas advertencias más o menos cercanas en el tiempo que, si no precisaban milimétricamente las consecuencias de una inminente pandemia, sí al menos pergeñaban una cierta desazón para los afectados y por ende a su entorno. Pero la realidad, una vez más, ha vuelto a superar a la ficción.

DAFO

No ahondaré en la imprevisibilidad del fenómeno, sobre todo en cuanto a velocidad y facilidad de propagación, ni en los errores de cálculo que se están poniendo de manifiesto, como la tardanza en la adopción de medidas preventivas y la dimensión de estas. Creo que es el momento de poner en perspectiva las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades (DAFO) que se abren y que expertos muy avezados deberán evaluar.

"Precisamos de un sistema sanitario cohesionado, bien dotado de recursos o al menos que los existentes sean repartidos con criterios de eficiencia"

A mí juicio esto que nos está sucediendo va a ser un verdadero punto de inflexión con respecto, no solo a todo lo que hemos vivido y consumido, sino a lo que será nuestro modelo de vida próximo. Ello nos obligará a ajustar hábitos, costumbres, ritos y festejos que ya no volverán a ser los mismos y que deberán acomodarse a los nuevos tiempos, donde primará el uso de productos locales y de temporada, la producción estratégica de insumos sanitarios, alimenticios, biotecnológicos, textiles…

¿Certezas? Pocas ¿Incertidumbres? Todas. A propósito de la pandemia, el pensador alemán Jürgen Habermas ha dicho que "ahora la inseguridad existencial es global y simultánea y está incluso en la cabeza de los individuos conectados a las redes de comunicación". No es tiempo para especular ni conjeturar, como tampoco lo es de adivinos, augures ni moradores del oráculo. Lo que tenga que ser, será, querámoslo o no. Pero sí debiéramos ir extrayendo conclusiones por si hubiera nuevo rebrotes, que no no pillaran inermes.

El mundo se ha parado en seco, como el mecanismo de un reloj, sin convicción de cómo arrancaba. Se presupone que antes o después lo hará, pero nadie sabe el dónde ni de qué manera.

Ahora, en medio de esta quietud, sería buen momento para plantearse el presente sobre el que ha de asentarse el futuro y repensar si este pudiera ser el modelo idóneo que queremos para nuestros descendientes.

"El personal asistencial, en primera línea, vive la crisis sanitaria y ha dado conocimientos, cuidados, compasión e incluso la vida por ayudar a sus pacientes frente a la Covid-19"

No seré tan osado de perfilar clave alguna en esa dirección, porque expertos multidisciplinares pueden arrojar más luz, pero difícilmente podremos afrontar crisis idénticas en un futuro sin planes de contingencia. Para ello precisamos de un sistema sanitario cohesionado, bien dotado de recursos o al menos que los existentes sean repartidos con criterios de eficiencia, compensando al personal sanitario como demandan estos duros tiempos y no solo con aplausos, que son edificantes, sí, pero no suficientes.

Hubo un tiempo de reivindicación, de mareas blancas, entonces acalladas, pero hoy, persistiendo las diferencias, parecen querer ignorarlas y silenciarlas alzándonos al cielo como héroes en un paso procesional, cuando sólo cumplimos con nuestro trabajo.

El personal asistencial, en primera línea, vive la crisis sanitaria y ha dado conocimientos, cuidados, compasión e incluso la vida por ayudar a sus pacientes frente a la Covid-19. Esperemos que una vez pase todo este cataclismo, podamos recomponer puentes y juntos afrontar la recesión económica y social que se nos avecina.

Para que esto sea un verdadero punto de inflexión tiene que haber un antes y un después, y a fe mía que esta crisis lo ha supuesto, porque de lo contrario solo será una depauperada continuación por otros medios.

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