“Las enfermeras son las piedras angulares del cuidado de la salud y merecen ser valoradas y respetadas”. Florence Nightingale (1820-1910) está considerada como la precursora de la enfermería profesional contemporánea y fue la creadora del primer modelo conceptual de enfermería. En un momento de sostenibilidad en un estado de bienestar social, no tendría más que añadir. Pero vamos a hablar de una brecha social que demanda un cierto análisis.
Actualmente España cuenta con alrededor de 346.000 profesionales de la enfermería, lo que lanza una ratio de 6,5 profesionales/1000 habitantes, que representa una cifra inferior a la media europea, 8,5/1000. En términos absolutos implica que España precisaría de 100.000 nuevas titulaciones en enfermería para estar al nivel que recomienda la necesidad y la urgencia sanitaria.
Si fueran unidades de fruta, librería, calzado, fontanería, etc., quizá podríamos apretarnos un poco y ceñirnos a las cantidades existentes, con el correspondiente encarecimiento de los insumos disponibles por ser más escasa su oferta. Pero son personas, personas con una muy alta cualificación, con un bagaje, con una experiencia acumulada en el trato empático con los pacientes y por tanto imprescindibles en el proceso sanitario.
Su cualificación es envidiada no solo en el entorno europeo y atrae las miradas de otros servicios de salud que se ahorran su formación y seducen con remuneración, estabilidad y carrera profesional. La cronicidad y el aumento de la esperanza de vida está generando una mayor demanda
Su cualificación es envidiada no solo en el entorno europeo y atrae las miradas de otros servicios de salud que se ahorran su formación y seducen con remuneración, estabilidad y carrera profesional
La carencia de esta cifra ingente produce una reacción en cadena sobre quienes resisten, como es una sobrecarga de trabajo que se traduce en incremento de horas (llegando a doblar turnos), agotamiento, estrés, falta de concentración y de asistencia a pacientes críticos que requieren atención constante.
Por acción directa, que no por carambola, genera también un incremento en las listas de espera debido a que su falta impide abrir ciertas dependencias como consultas, quirófanos, bloqueando el discurrir de cualquier planificación médica. Por el momento no parece que sus tareas puedan ser asumidas por algoritmos artificiales.
Otro efecto del déficit de enfermeras es el “baile” (si me permiten la expresión) al que son sometidas de un servicio a otro, conforme a las necesidades del centro, lo cual es especialmente gravoso no solo para las especializadas con el paso de los años, sino sobre todo para las que lo han consolidado con formación académica específica (hay 6 especialidades) y ven que no pueden optimizar sus conocimientos y conciliar su proyecto de vida con su trabajo.
Para Liliana Michilot, enfermera del Grupo HM con más de 38 de profesión a sus espaldas “el mundo de la enfermería enfrenta desafíos como la escasez de personal, el burnout, y la necesidad de adaptarse constantemente a nuevos avances médicos y tecnológicos. Sin embargo, también presenta oportunidades para el desarrollo profesional, la innovación en cuidados y la mejora de sistemas de salud a nivel global”.
Añade Michilot que esta “es una profesión esencial que combina ciencia, humanidad, y un compromiso profundo con el bienestar de los demás. Su impacto en la salud pública, en la atención individualizada y en la comunidad es innegable. Las enfermeras no solo curamos, sino que también educamos en la prevención de enfermedades haciendo de ello uno de los campos más enriquecedores en el ámbito de la salud”.
"Tampoco las autoridades han sido especialmente ejemplares, permitiendo la inestabilidad laboral, por vía de la interinidad (muchas no alcanzan la plaza fija hasta la cuarentena), amén de no convocar suficientes nuevas plazas de FSE"
Tampoco las autoridades han sido especialmente ejemplares, permitiendo la inestabilidad laboral, por vía de la interinidad (muchas no alcanzan la plaza fija hasta la cuarentena), amén de no convocar suficientes nuevas plazas de FSE (2.171 en la reciente prueba), lo que genera precariedad, contratos por días o semanas, impide la estabilidad personal y familiar, derivando en desmotivación, desgana e incluso en amenazas de dejar el país y hasta la profesión, y buscarse la vida en otros destinos.
El presidente del Consejo General de Enfermería (CGE), Florentino Pérez Raya, afirma desde la web de la propia entidad que “la Sanidad se rige actualmente por algunas leyes arcaicas, que incluso hablan todavía de diplomados en Enfermería, y es preciso abordar su modificación, no sólo con este ministerio y este Gobierno, sino con todos los partidos políticos”.
Para Liliana Michilot “abordar estos retos requiere de políticas de salud que mejoren las condiciones laborales, programas de apoyo mental y emocional para el personal de enfermería, y una inversión en la educación y formación continua. Además, el reconocimiento social y profesional de la enfermería debe reflejarse en políticas públicas y en la cultura organizacional de los centros de salud”.
Ah, no piensen que me he olvidado. A la “ocurrencia” ministerial de descargar alguna prescripción farmacológica sobre esta comunidad, como si eso sirviera para aliviar las listas de espera de AP. Ya di respuesta hace unos meses desde estas mismas páginas recordando ese refrán tan español de “zapatero a tus zapatos”. He preguntado a muchas compañeras profesionales de enfermería y muy escasas se mostraron favorables a semejante propuesta.
Quienes me siguen, entre ellos muchos colegas enfermeros, saben de mi absoluto respeto y admiración por su desempeño y, como no podía ser de otra manera, mi preocupación por su situación. Un país con nuestra población actual (48,37M/hab) no puede permitirse el lujo de sobrecargar laboralmente a quienes hacen una encomiable labor asistencial como es el personal de enfermería.