De la era de las dietas, a la de la alimentación consciente. El cuerpo no siempre necesita seguir una dieta, pero sí ser escuchado para no darle al estómago ni más ni menos alimento.
Y es que, la restricción y la privación de las dietas no funcionan, ya que provocan la reacción contraria: el atracón. Por tanto, más bien debemos preguntarnos si realmente queremos 'tal' o 'cual' alimento y crear unos hábitos de atención plena también a la hora de comer.
En este sentido, lo que debemos hacer es cultivar el bienestar en la mesa, a través de la meditación, que consiste en estar atento en hacer el esfuerzo de comer en conciencia. Por ello, la app de meditación Petit BamBou ha creado el programa 'alimentación consciente', que consiste en acompañar a quienes desean encontrar una relación saludable entre los alimentos y su cuerpo y ayuda a reducir el estrés alimentario.
El cuerpo no siempre necesita seguir una dieta, pero sí ser escuchado para no darle al estómago ni más ni menos alimento
Pero, ¿qué es la alimentación consciente o ''Mindful Eating''? El Mindful Eating nos sitúa para que veamos desde dónde comemos. En solo cinco minutos podemos practicar esta técnica y estar presentes en cada comida, al tiempo que descubrimos el alimento, lo tocamos, lo olemos, lo saboreamos y sentimos cómo va saciando el hambre, antes de lo que pensamos.
''A veces el acto de comer es emocional, por inercia o por impulso. Darse cuenta de esto es el primer paso'', destaca Belén Colomina, psicóloga y experta en mindfulness.
De esta forma, cuando empezamos a prestar más atención al presente descubrimos que, en ocasiones, comemos por ansiedad, no porque realmente tengamos hambre. ''Hay que escuchar las señales reales del cuerpo, ya que cuanto más estemos en la cabeza, menos estamos en el cuerpo funcionando por impulso'', aclara Belén Colomina.
Y es que, el cuerpo no siempre necesita la misma cantidad de alimento, depende del esfuerzo y del gasto energético. Sin embargo, no somos conscientes de esto por la velocidad interna y nuestros pensamientos. Es decir, por culpa del 'piloto automático' con el que hacemos las cosas.